¿Marcha o carnaval?
Hace poco más de una semana se celebró la
XXXIX marcha del orgullo gay en la Ciudad de México y estuvimos ahí para poder contarles como lo
vivimos. El evento empezó desde muy temprano con la presentación de algunos
grupos representantes de la comunidad LGBTIQ; desde alrededor de las 10 am
todos nos empezamos a reunir cerca del ángel y sobre paseo de la reforma para
poder formar parte del evento que muchos hemos esperado a lo largo del año.
Dentro de los asistentes pudimos encontrar
personas de todas las edades, desde adultos mayores hasta menores de edad y
aunque a muchos nos parece que es un evento demasiado largo para que los
últimos asistan y las condiciones climáticas resultan pesadas incluso para los
adultos, por lo menos nosotras nos topamos con pequeños felices bailando y
divirtiéndose.
Como lo explicamos en el video previo a la
marcha, los orígenes de esta se remontan a una lucha por el respeto de nuestros
derechos no como comunidad LGBT sino como seres humanos, personas que sentimos,
nos enamoramos, formamos familias y tratamos de vivir nuestras vidas de la
forma en las que nos hace más felices; sin embargo estas situaciones que son
tan cotidianas se tornan un fenómeno social cuando el grueso de la población solo
se centra en el hecho de que las realizamos con alguien de nuestro propio sexo
y eso les parece inapropiado.
Es por esta razón que cada año salimos a
marchar con la intención de ser vistos, de ser reconocidos como individuos y
eso implica que cada quién marcha como lo decide, en el outfit que le parece
más adecuado para el evento y como siempre existen personas que critican y
agreden a quienes no coinciden con su idea de lo “correcto” para mostrar en
público, en lo personal creo que cada quien es libre de mostrar su cuerpo como
mejor le parezca ya que al final del día solo le pertenece a dicha persona.
Como cada año la ciudad se llenó de colores y
música el arcoíris fue más fuerte que la lluvia que intento vencernos y
aminorar nuestra alegría y al final los que estamos convencidos de que los
movimientos masivos pueden generar un cambio, llegamos hasta el zócalo
festejando nuestra unicidad y recordándole a todo el que quisiera entenderlo
que somos seres humanos no más y no menos que cualquier otro. Claro está que
como en todo evento nunca falta el borracho mala copa que toma hasta perderse y
orina en la vía pública o se vuelve agresivo, sin embargo para mi gusto fueron
los menos aquellos que no estaban ahí por el bien mayor de una comunidad unida
y en búsqueda de libertad de ser quien somos.
Así que ahora solo resta seguir el trabajo
iniciado y continuar con actividades que visibilicen de forma positiva a todo
los miembros de la comunidad Queer y a esperar las siguientes actividades
masivas en las que podamos participar de forma activa.
Por: Glass
Por: Glass
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